Aprovechar los fondos europeos para una transformación justa y sostenible
POR UNAI SORDO
SECRETARIO GENERAL
DE COMISIONES OBRERAS
En junio de 2020 y tras una intensa pugna en el marco del Consejo Europeo se acordaba un instrumento financiero excepcional, sufragado con deuda común europea, dotado de 750.000 millones de euros, que debía servir para favorecer la recuperación económica tras el shock de la pandemia, y promover la transformación económica en la UE. España podía acceder a 140 mil millones de esos fondos, de los cuales 60 mil eran en transferencias no reembolsables, y otros 80 mil en préstamos. La finalidad era apoyar la inversión y las reformas en los estados miembros para fortalecer nuestro sistema económico, promoviendo las transformaciones digitales y energéticas ya en marcha. En contraste con la respuesta europea a la anterior crisis (la financiera y de deuda de hace una década) que consistió en las políticas de austeridad y recorte, esta iniciativa era un cambio sustancial en la respuesta a las catastróficas consecuencias económicas de la pandemia, el confinamiento, y la paulatina recuperación de la actividad económica.
Para hacernos una idea de lo que estas cuantías suponen, en 2024 llegarán a nuestro país 25.600 millones de euros, en 2025 serán 44.600 millones y en 2026, 44.300 millones. Estos recursos provenientes de Europa y que España lleva ya dos años recibiendo, se ejecutan desde distintas administraciones, como las comunidades autónomas o a otras entidades públicas para que los dediquen a las inversiones públicas que se están haciendo. Pero la finalidad de estos fondos debe ir más allá de la mera ejecución presupuestaria. ¿Por qué? Porque pueden ayudar a movilizar inversión privada y promover los cambios en el modelo productivo que nuestro país necesita, que generen empleos de calidad en el futuro, y modifiquen el viejo patrón competitivo español basado en los bajos salarios o la precariedad laboral. Trataremos de explicarlo, porque se habla de la transición digital y sobre todo de la energética, sin explicar demasiado bien en qué consisten y el potencial que podrían tener para un país como España.
«En contraste con la respuesta europea a la anterior crisis (la financiera y de deuda de hace una década) que consistió en las políticas de austeridad y recorte, esta iniciativa era un cambio sustancial en la respuesta a las catastróficas consecuencias económicas de la pandemia»
Energía barata
como palanca para
la relocalización industrial
No hay un factor más determinante y que más transforme las sociedades y la economía que los cambios en los modos de producir y distribuir energía. Desde hace muchas décadas, la energía que movía nuestras sociedades provenía del uso de los llamados combustibles fósiles (petróleo, gas o carbón), de los que nuestro país apenas tenía recursos. Pero en estos tiempos, por razones que tienen que ver con la sostenibilidad medioambiental del planeta, pero también y cada vez más con la seguridad de suministro en este periodo convulso donde la invasión de Rusia a Ucrania ha disminuido la llegada de gas ruso a Alemania –por poner un ejemplo–, hoy se está transformando paulatinamente ese “mix energético”, y estas formas de producir energía van a ser sustituidas por las energías renovables (eólica, solar, mare motriz, etc.). Esto supone un cambio muy relevante para nuestro país, irrelevante en el terreno de los combustibles fósiles, pero que si dispone de costa, sol y viento. El futuro energético, (o lo que viene a ser lo mismo, el futuro económico), va a pivotar sobre la electrificación y la generación de esa electricidad a partir de fuentes renovables. Por tanto, tenemos ante sí una clara oportunidad de la que no ha dispuesto en las últimas décadas.
«La clave es definir claramente las prioridades en términos de país para decidir qué proyectos y actividades electro intensivas queremos atraer e impulsar, y como podemos “industrializar” esa energía renovable y barata, generando actividades de valor añadido y no convertirnos en un mero exportador de un insumo barato»
¿Por qué? España tiene ahora mismo una serie de ventajas derivadas de su mayor capacidad y potencial de generación renovable dentro del marco europeo. La creciente capacidad de autoabastecimiento eléctrico con fuentes renovables supone una clara ventaja para nuestro país, tanto a nivel de provisión de las necesidades energéticas de sus habitantes como de cobertura de las necesidades energéticas de sus actividades productivas y económicas. Esto puede ser un factor determinante a la hora de tomar decisiones de inversión y relocalización productiva. La clave es definir claramente las prioridades en términos de país para decidir qué proyectos y actividades electro intensivas queremos atraer e impulsar, y como podemos “industrializar” esa energía renovable y barata, generando actividades de valor añadido y no convertirnos en un mero exportador de un insumo barato (la propia energía) y que el valor añadido se siga generando en otros países. Es decir, es fundamental fortalecer políticas industriales y de desarrollo sectorial, para localizar inversión productiva y generar empleo de calidad. El pleno empleo debe ser el objetivo estratégico.
Oportunidad para España
La reducción de su dependencia energética exterior sería otro de los grandes beneficios de una transición justa y sostenible, ya que con la sustitución de combustibles fósiles España podría ahorrar más de 340.000 millones de euros en importaciones en las próximas tres décadas. Los principales proveedores de energía fósil de España son Nigeria, EEUU, Libia, Arabia Saudí, Irak o México.
Potencial Solar de España
España es uno de los países con mayor radiación solar en Europa, con un promedio anual de alrededor de 2,500 a 3,000 horas de sol. Regiones del sur, como Andalucía, reciben incluso más de 3,000 horas de sol al año. En comparación, Alemania tiene un promedio de 1,200 a 1,600 horas de sol anuales, mientras que Francia varía entre 1,700 y 2,500 horas, dependiendo de la región. En términos de irradiación global horizontal (GHI), España alcanza aproximadamente 1,600 a 2,000 kWh/m² por año, con los valores más altos en el sur del país. Alemania presenta un GHI promedio de 900 a 1,200 kWh/m² por año, y Francia oscila entre 1,200 y 1,800 kWh/m² por año.
Potencial Eólico de España
España tiene excelentes recursos eólicos en regiones como Galicia, Castilla y León, Aragón o Navarra, donde la velocidad del viento supera los 6-7 m/s a 80 metros de altura. España tenía más de 29 GW de capacidad eólica instalada y en 2022 produjo aproximadamente 60 TWh de energía eólica, representando el 23% de la electricidad total. Alemania, con más de 67 GW instalados, produjo alrededor de 130 TWh, y Francia, con 19 GW, produjo cerca de 40 TWh en 2022.
UNA TRANSICIÓN ECOLÓGICA VIRTUOSA
La transición ecológica se encuentra en el centro de la ecuación que puede permitir a nuestro país alcanzar el pleno empleo y la reindustrialización. Esta ecuación incluye mucha energía renovable barata que nos da una ventaja competitiva sobre muchos otros países de la UE para atraer industria electro intensiva, como el acero verde. Sin embargo, no bastará con más renovables para lograr esto. Se necesitará que el Gobierno incremente las inversiones en redes, que consiga que haya suficiente almacenamiento para que la electricidad no se pierda o que invierta más aún en nuestros ferrocarriles para que las empresas puedan mover sus mercancías de forma barata y ecológica. No se trata solo de tener suelo, sol, viento y olas, o instalar placas fotovoltaicas o molinos de viento, sino tratar de fabricar una parte de esas infraestructuras y equipaciones en nuestro país.
La transición ecológica también es la manera de independizar la calidad de vida de la ciudadanía española y nuestra macroeconomía de la dependencia de los combustibles fósiles y de las decisiones de los países donde se encuentran estos combustibles, como Arabia Saudí o Rusia. Sin embargo, para que esto sea así, se necesita que el Gobierno ponga mucho más de su parte. Necesita garantizar que todo el mundo tenga acceso a, como mínimo, créditos blandos, que permitan que todas las familias puedan acceder al capital necesario para tener paneles solares en la comunidad de vecinos o instalar bombas de calor, proyectos de rehabilitación de edificios para aislarlos mejor térmicamente, etc. Necesita garantizar que, ya que muchos gobiernos autonómicos y municipales no ayudarán a estos objetivos, todo el dinero que se gaste o que se transfiera solo se pueda gastar en políticas adecuadas.
Y también hay que tener en cuenta la variable territorial. España cuenta con numerosos territorios despoblados, que contrastan con otras concentraciones poblacionales en el entorno de los grandes polos urbanos de nuestro país. La planificación necesaria requiere que no se profundice esta dualidad, sino que se corrija o se modere al menos. La transición energético/ecológica no puede consistir en que la España despoblada provea de su abundante suelo vacío para instalar parques eólicos o fotovoltaicos que suministre energía barata a las actividades productivas e industriales, que se instalen en las grandes áreas con tradición industrial y en torno a los grandes núcleos poblacionales. Hay que tratar de reequilibrar el país y buscar beneficios sociales mutuos.
«La transición energético/ecológica no puede consistir en que la España despoblada provea de su abundante suelo vacío para instalar parques eólicos o fotovoltaicos que suministre energía barata»
«No se trata solo de tener suelo, sol, viento y olas, o instalar placas fotovoltaicas o molinos de viento, sino tratar de fabricar una parte de esas infraestructuras y equipaciones en nuestro país».
«Se necesitará que el Gobierno incremente las inversiones en redes, que consiga que haya suficiente almacenamiento para que la electricidad no se pierda o que invierta más aún en nuestros ferrocarriles para que las empresas puedan mover sus mercancías de forma barata y ecológica».
«Deberíamos estar hablando de políticas identificables con medidas que mejoran en lo concreto la vida de la ciudadanía y la comunidad, y para las que va a haber financiación potencial para su implementación».
Identificar de qué hablamos
Hay una falta de pedagogía evidente sobre las potencialidades que conlleva un cambio en el modelo energético como el que se está dando. Lo mismo ocurre con muchos de los recursos de los fondos de recuperación europeos. En España tenemos una historia traumática con las llamadas “reconversiones”. Suenan en el imaginario colectivo a pérdida de actividad económica y puestos de trabajo sobre todo en sectores industriales, en el mejor de los casos paliadas con planes de jubilaciones anticipadas que resolvían parcialmente la situación de una parte de las personas afectadas, pero que condenaron a la desertificación industrial y paulatina despoblación y envejecimiento de territorios enteros.
«En España tenemos una historia traumática con las llamadas “reconversiones”. Suenan en el imaginario colectivo a pérdida de actividad económica y puestos de trabajo sobre todo en sectores industriales»
«Algunos de estos recursos están bloqueados y a veces se renuncia a su ejecución. Y las razones a veces son de falta de voluntad política y rechazo ideológico: la Comunidad de Madrid en vivienda, o la Junta de Castilla y León con su renuncia a ejecutar las ayudas al autoconsumo eléctrico son dos ejemplos»
Por otro lado en una legislatura como esta, donde la aritmética parlamentaria va a hacer muy difícil una gran producción de leyes, tendría todo el sentido hacer de la ejecución de fondos públicos, su destino, su utilidad, sus contratiempos, el boicot que pudieran sufrir, la falta de recursos en la administración para canalizarlos eficazmente (y por tanto la necesidad de mejora de los recursos humanos y digitales), un argumento básico dentro del debate político y la conversación pública.
Porque deberíamos estar hablando de políticas identificables con medidas que mejoran en lo concreto la vida de la ciudadanía y la comunidad, y para las que va a haber financiación potencial para su implementación. Como se indicaba algunos de estos recursos están bloqueados y a veces se renuncia a su ejecución. Y las razones a veces son de falta de voluntad política y rechazo ideológico a la orientación de las políticas de transición. La Comunidad de Madrid en vivienda, o la Junta de Castilla y León con la renuncia a ejecutar las ayudas al autoconsumo eléctrico son dos ejemplos. Todo ello en un contexto en que bajan impuestos a las rentas altas, piden financiación adicional al estado.
CCOO y en general los agentes sociales, podríamos erigirnos, tanto en los espacios sectoriales como en los territoriales como un agente de monitorización y garante de la ejecución de los fondos para que generen actividad, empleo, prosperidad y bienestar social. Es necesario que se comparta la información sobre los niveles de ejecución de inversión pública y su trazabilidad (es decir el camino que siguen cuando se conceden a otras administraciones, empresas públicas, o forman parte de acuerdos que movilizan recursos privados).
Estamos en medio de una profunda transformación con sus riesgos y sus oportunidades. Y las claves de este momento están pasando un tanto inadvertidas en medio del barullo político. Conviene situarlas en la agenda pública y sobre todo, en el centro de las políticas públicas. •
POR UNAI SORDO
Secretario general de CCOO.
