Precariedad laboral

y salud mental en España

Por Joan Benach*

La precariedad laboral es un fenómeno dinámico y complejo que debe entenderse como resultado de las relaciones de poder en el ámbito del trabajo, donde interactúan múltiples factores sociales: económicos, legislativos, políticos, laborales, culturales…

Contrariamente a una visión de la precariedad solo centrada en el tipo de contrato o la inseguridad, la precariedad laboral tiene un carácter multidimensional, ya que incluye numerosas condiciones de empleo y trabajo. El EPRES (Employment Precariousness Scale), que es el cuestionario validado más aceptado para la medición de la precariedad laboral multidimensional, incluye seis dimensiones esenciales: la inestabilidad del empleo (tipo y duración del contrato), salarios bajos, escaso poder de negociación (capacidad de negociación de las condiciones de empleo), vulnerabilidad (relaciones sociales de poder en el lugar de trabajo, con situaciones de amenaza, discriminación, etc), menos derechos laborales (indemnización por despido, compensación por desempleo, vacaciones, etc.) y la falta de poder para ejercer estos derechos2.

TRABAJADORES DEL SECTOR AGRÍCOLA. Durante años, alrededor del 80% de los jornaleros trabajan o han trabajado sin contrato laboral formal, exponiéndolos a abusos y falta de seguridad laboral.

TRABAJADORES DEL SECTOR AGRÍCOLA. Durante años, alrededor del 80% de los jornaleros trabajan o han trabajado sin contrato laboral formal, exponiéndolos a abusos y falta de seguridad laboral.

La precariedad laboral tiene múltiples causas. Debemos entender que es el resultado histórico de una larga transformación política y económica de la actividad laboral. Esto significa que depende de la implementación de reformas laborales, pero también de la especialización productiva y la organización empresarial, de la desigual organización de las relaciones laborales, de las débiles políticas públicas (nivel de empleo público, fiscalidad, inspecciones laborales, servicios sociales, etc.), de las injustas políticas migratorias, así como de las instituciones familiares que reproducen desigualdades de género. En el caso español, por ejemplo, venimos de encadenar una serie de reformas laborales durante la Gran Recesión de 2008 que generaron muchísima precariedad laboral. Pero hay muchas otras razones, como la estructura productiva terciarizada basada en sectores de alta estacionalidad como el turismo; o un Estado del bienestar insuficientemente desarrollado.

"La precariedad laboral tiene un carácter multidimensional: salarios bajos, escaso poder de negociación, vulnerabilidad, menos derechos y falta de capacidad para ejercerlos."
"Llevo treinta años trabajando, y nunca había sentido tanto miedo de perderlo todo. El estrés me come por dentro, pero si digo algo, me tachan de débil. Me duele el cuerpo, me duele la cabeza, pero más que todo, me duele el 'alma'."
Los efectos de la precariedad laboral en la salud mental

La precariedad laboral es un determinante social perjudicial para la salud física y mental3 que aumenta el riesgo de enfermar y morir prematuramente, tanto para aquellos que trabajan en estas condiciones como para sus familias. La precariedad desestructura la vida cotidiana y dificulta la planificación del futuro, genera inseguridad y sufrimiento, alienación y frustración, exilio económico y desesperanza, sumisión y miedo. Por ello, está estrechamente relacionada con muchos problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión, que generan un gran sufrimiento psíquico.

TACO BELL, VALLADOLID. Una trabajadora recoge pedidos en esta cadena de comida rápida mientras un repartidor aguarda un servicio. Foto: Jorge Franganillo

TACO BELL, VALLADOLID. Una trabajadora recoge pedidos en esta cadena de comida rápida mientras un repartidor aguarda un servicio. Foto: Jorge Franganillo

Es un fenómeno endémico y estructural que se extiende a una gran diversidad de trabajos de diferentes sectores productivos. Lo observamos tanto en el ámbito privado como en el público, bajo diferentes tipos de contrato, y en la industria, la agricultura y los servicios. Por ello, sus efectos sobre la salud mental están ampliamente extendidos y, hasta cierto punto, normalizados. Gran parte del malestar y la angustia que las personas sufren tienen una causa social (entre ellas, la precariedad laboral) que se expresa y se percibe en forma de una gran diversidad de signos y síntomas físicos o psíquicos, como ansiedad, depresión o crisis de pánico, pero también en forma de cefaleas, mareos, lumbalgias, parestesias, fatiga y reacciones cutáneas, entre otros. La ansiedad y la depresión son los dos principales cuadros clínicos responsables de la carga de enfermedad de los problemas de salud mental. En España tenemos una elevada prevalencia de problemas de salud mental en la población de 15 años o más: el 5,8% tiene ansiedad crónica (1 de cada 12 mujeres, 1 de cada 28 hombres, 1 de cada 12 personas desempleadas, 1 de cada 23 personas que trabajan y 1 de cada 4 personas incapacitadas para trabajar) y el 5,3% depresión (1 de cada 14 mujeres, 1 de cada 31 hombres, 1 de cada 13 personas desempleadas, 1 de cada 40 personas que trabajan y 1 de cada 4 personas incapacitadas para trabajar)4.  

Recientemente hemos podido estimar que uno de cada tres casos de depresión entre la población activa española se debe a la situación de precariedad laboral. Es decir, que de medio millón de casos, 170.000 se deben a la precariedad laboral. El problema radica en que este sufrimiento se delega a un sistema de atención sanitaria que tiende a hipermedicalizar estas condiciones de salud, en lugar de centrar los esfuerzos en abordar sus causas. Es ilustrativo señalar que España es el país que más ansiolíticos e hipnóticos consume del mundo por habitante, y que el consumo de antidepresivos se ha duplicado en los últimos 20 años5-6.  

"La precariedad desestructura la vida cotidiana y dificulta la planificación del futuro, genera inseguridad y sufrimiento, alienación y frustración, exilio económico y desesperanza, sumisión y miedo."
"Es como si llevara una mochila invisible, pero pesa tanto... A veces, solo quiero llorar, pero ni eso tengo tiempo de hacer. Me han dicho que esto es normal, que 'así es el trabajo'. Pero, ¿cómo puede ser normal sentirse así todos los días?"
El subdesarrollo del sistema de salud español

No obstante, si bien no son suficientes, la atención primaria, la salud pública y la red de salud mental son tres componentes esenciales del sistema de salud español, y son necesarios para abordar los problemas de salud mental derivados de la precariedad laboral (u otros fenómenos sociales). Actualmente, las tres afrontan grandes dificultades para llevar a cabo su trabajo en condiciones de efectividad y equidad. Entre las razones que explican las insuficiencias actuales cabe destacar la falta de medios y recursos adecuados y la falta de visibilidad y reconocimiento profesional y social para llevar a cabo su tarea. En cuanto a los profesionales de salud mental, España presenta ratios muy inferiores a las recomendaciones de la OCDE para países de nivel económico similar. Así, España cuenta con 9,6 psiquiatras por cada 100.000 habitantes (2021)7, una cifra significativamente menor que la media europea, y 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes (2018), una cifra tres veces menor que la media europea8

CAMARERAS DE PISO. Enfrentan salarios bajos, jornadas extenuantes y falta de reconocimiento. Su trabajo es esencial, pero a menudo carecen de derechos.

CAMARERAS DE PISO. Enfrentan salarios bajos, jornadas extenuantes y falta de reconocimiento. Su trabajo es esencial, pero a menudo carecen de derechos.

Uno de los problemas importantes de fondo es la falta de reconocimiento político real para disponer de unos servicios básicos adecuados. Sumado a las deficiencias de la propia estructura de servicios, otro problema es la infrafinanciación crónica y la mercantilización de los servicios del sistema sanitario público. Es especialmente grave en los servicios sociales y de atención primaria, dándose la penosa situación de que sean los profesionales más precarizados, con unos medios y recursos también precarios, los que traten de atender los complejos problemas psicosociales y de salud mental de un gran número de personas en situación de precariedad.

"España cuenta con 9,6 psiquiatras por cada 100.000 habitantes (2021), una cifra significativamente menor que la media europea, y 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes (2018), una cifra tres veces menor"
"Me despierto con el corazón acelerado, ya pensando en lo que va a salir mal hoy. Cada día siento que estoy en una carrera que no puedo ganar. Y lo peor de todo es que, incluso cuando lo hago bien, nadie lo nota. Solo esperan más."
Más democracia en el trabajo

Los retos que hay que enfrentar son enormes y están íntimamente relacionados con la forma en que estructuramos y organizamos el sistema productivo y las relaciones laborales. En este sentido, es necesario reconstruir los vínculos sociales y las solidaridades a partir de una realidad de intereses diferenciados y conflictos colectivos en el ámbito del trabajo: la democracia social debe reinventarse a partir de las relaciones de poder y de cooperación existentes en los centros de trabajo. Hay diversas fórmulas que pueden corregir la unilateralidad de las decisiones en la empresa. La primera y fundamental es la negociación colectiva, cuyo resultado, el convenio, es fruto de una decisión conjunta entre los representantes de los trabajadores y de la dirección. La segunda, la cogestión, ha sido de aplicación más restringida, casi exclusivamente en países donde el diálogo social fue muy fluido después de la Segunda Guerra Mundial.

CALL CENTERS. Los sueldos suelen ser bajos, apenas por encima del salario mínimo, lo que dificulta alcanzar un nivel de vida digno. Además, el 70% de los trabajadores en este sector son mujeres.

CALL CENTERS. Los sueldos suelen ser bajos, apenas por encima del salario mínimo, lo que dificulta alcanzar un nivel de vida digno. Además, el 70% de los trabajadores en este sector son mujeres.

Las diversas formas de cogestión o codeterminación son complementarias, han tenido un impacto relativo y se pueden articular mediante la negociación colectiva y el diálogo social. Y la tercera, la expansión de un movimiento democrático que parta del trabajo y no esté subordinado a un patrón o a una empresa, sino de un trabajo entendido como relación social de gestión de los "comunes".

"Reinventar las formas y modos de organización de la actividad económica, del trabajo y de las empresas requiere la participación de los sindicatos y, en un sentido más amplio, de la organización de las personas trabajadoras."
"A veces pienso que si me enfermo, al menos tendría una excusa para no ir al trabajo. No es que no quiera trabajar, pero me siento como una máquina rota que sigue en marcha... solo por inercia."

Un trabajo así entendido requiere una sanidad, educación y seguridad social públicas y universales. Pero, sobre todo, requiere reinventar las formas y maneras de organización de la actividad económica, del trabajo y de las empresas. En todos estos procesos, los sindicatos y, en un sentido más amplio, la organización de las personas trabajadoras, son fundamentales. •

POR JOAN BENACH

Médico, doctor en Salud Pública y catedrático de Sociología de la Universitat Pompeu Fabra. Director del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud-Employment Conditions Network (GREDS-EMCONET) y codirector del Johns Hopkins University-UPF Public Policy Center. Ha coordinado el informe sobre Precariedad Laboral y Salud Mental (Presme), encargado por el Ministerio de Trabajo y Economía Social (2023).