El impacto de la IA en la negociación colectiva y el empleo

La inteligencia artificial ya no es una promesa futura: está entrando en la selección, la vigilancia, la evaluación del rendimiento y la toma de decisiones laborales. Frente a unos algoritmos capaces de reorganizar el empleo, intensificar el control y reproducir sesgos bajo apariencia de neutralidad, la negociación colectiva aparece como una herramienta decisiva para garantizar transparencia, control humano y una transición digital justa.

El mundo de las relaciones laborales se ha visto sacudido (como el resto) por la disrupción provocada por la inteligencia artificial (IA) y su imbricación en el trabajo. En los últimos años, esta revolución silenciosa y larvada ha acabado por generar un terremoto cuyas consecuencias no han sido todavía aquilatadas.

En el ámbito de las relaciones laborales esta tecnología presenta importantes implicaciones tanto en las fases previas del contrato de trabajo (en materia de selección de personas trabajadoras), como en el resto de las condiciones laborales: vigilancia en el lugar de trabajo y de seguimiento de actividades de los empleados, evaluación del rendimiento (evaluaciones cuantitativas y cualitativas); y toma de decisiones  en lo que respecta a formación, distribución del tiempo de trabajo, pago de incentivos, o flexibilidad interna, por citar solo algunas. De hecho, en un futuro, quizá en todas las decisiones de gestión de personal (modificación, suspensiones, movilidad, incluido el despido) podrían estar fundados en ellas. Sin olvidar tampoco el impacto que la IA, en particular en los últimos tiempos aquella considerada de propósito general está teniendo y tendrá en el empleo: de un lado, creará nuevas necesidades de ocupación, pero, de otro, hace desaparecer profesiones, automatiza tareas y elimina puestos de trabajo.

Es fácil ver que estas herramientas llevan aparejadas enormes posibilidades de progreso y a la vez riesgos relevantes, los cuales radican en el impacto del análisis masivo de datos sobre la privacidad de las personas, las discriminaciones a resultas de los sesgos que incorporan, las altas exigencias y demandas para las personas trabajadoras o, por no seguir, la presunta objetividad y justificación intrínseca que parecen comportar.

Frente a los retos señalados, la facultad de información conferida por la Ley 12/2021 a los representantes de las personas trabajadoras supone, sin duda, un avance, pero no puede limitarse al derecho a la información “pasiva”. Es necesario avanzar un paso más e incorporar la negociación del uso de los algoritmos de gestión de las personas trabajadoras al contenido de los convenios colectivos, no en vano la negociación colectiva se configura como una de las mejores vías que tienen personas empresarias y trabajadoras para lograr una transición justa en este concreto aspecto de la revolución tecnológica. Así, los pactos podrían abordar el uso de tecnología digital, contener la pérdida de empleo, y garantizar la transparencia, el control humano y la sostenibilidad social de esta tecnología en el ámbito laboral. En definitiva, los convenios son los llamados a cubrir la necesidad detectada de establecer un contrapeso al uso (y abuso) de los sistemas de IA.

AMAZON

Los robots no mean *

Amazon, la compañía de Jeff Bezos, representa una de las formas más extremas del control algorítmico sobre la plantilla. Sus almacenes muestran la imagen perfecta del nuevo poder laboral: cuerpos humanos trabajando al ritmo de máquinas, sensores, robots y sistemas que registran cada movimiento. Los algoritmos que despiden personal sin intervención humana y el software que controla las pausas para ir al baño —tecnologías asociadas a la inteligencia artificial— ya están alterando los centros de trabajo.

En los call centers, los sistemas de IA registran y califican cómo se gestionan las llamadas, y a menudo penalizan a quienes no se ciñen al guion; algunos programas corporativos incluso espían los correos de la plantilla para detectar si alguien escribe la palabra “sindicato”. En sectores donde se combinan monitorización del rendimiento y gestión algorítmica, el impacto puede ser devastador. En Amazon, muchos empleados llevan dispositivos que registran cada movimiento de su cuerpo: dónde van, a qué velocidad completan los encargos, cuánto tiempo permanecen inactivos y cuánto tardan en ir al baño. En Cataluña, Amazon ha sido multada por ocultar los algoritmos que controlan la productividad y distribuyen tareas en su centro de El Prat. Es taylorismo con esteroides.

«Sin control colectivo, los algoritmos pueden convertirse en una nueva forma de poder empresarial: vigilan, evalúan y deciden bajo apariencia de neutralidad»

La negociación colectiva ante el control algorítmico

A nivel europeo, el primer Acuerdo Europeo sindical sobre digitalización de junio de 2020 ya contempla un apartado dedicado a la regulación convencional de la IA: “el control de los humanos sobre las máquinas y la inteligencia artificial debe garantizarse en el lugar de trabajo y se debe apuntalar el uso de aplicaciones de robótica e inteligencia artificial respetando y cumpliendo con la seguridad y los controles de seguridad. La IA confiable tiene tres componentes, que deben cumplirse durante todo el ciclo de vida del sistema y debe respetarse en el despliegue en el mundo del trabajo”:

a) Debe ser legal, justo, transparente, seguro y protegido, cumpliendo con todas las leyes aplicables y regulaciones, así como los derechos fundamentales y las normas de no discriminación.

b) Debe seguir los estándares éticos acordados, respetando el principio de igualdad y el resto de derechos fundamentales.

c) Debe ser robusto y sostenible, tanto desde una perspectiva técnica como social, ya que, incluso con buenas intenciones, los sistemas de IA pueden causar daños involuntarios”.

Por último, prevé la necesidad de adaptar el contenido convencional a los distintos niveles de negociación (empresa o supraempresarial).

Repartidor en bicicleta con mochila de reparto circula por una calle urbana entre vehículos y peatones.

Human Rights Watch publicó en 2025 un informe específico sobre explotación algorítmica, salarial y laboral en plataformas en EE. UU. El punto fuerte es que el algoritmo no solo distribuye trabajo: también puede producir ingresos imprevisibles, traslada riesgos al trabajador y dificulta saber por qué se gana menos, se reciben menos pedidos o se es penalizado. Foto: Martijn Arets

Human Rights Watch publicó en 2025 un informe específico sobre explotación algorítmica, salarial y laboral en plataformas en EE. UU. El punto fuerte es que el algoritmo no solo distribuye trabajo: también puede producir ingresos imprevisibles, traslada riesgos al trabajador y dificulta saber por qué se gana menos, se reciben menos pedidos o se es penalizado. Foto: Martijn Arets

En España, el reciente V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva contiene un apartado específico (y novedoso) dedicado a valorar las implicaciones de la IA y el papel de los agentes negociales. Así, reconoce el “impacto significativo en el mundo laboral” y los riesgos de adoptar “decisiones sesgadas o discriminatorias relativas a las relaciones laborales”. Para evitarlo establece como garantías el control humano, la seguridad y la transparencia avaladas por el papel que la negociación colectiva ha de desempeñar “estableciendo criterios que garanticen un uso adecuado de la IA y sobre el desarrollo del deber de información periódica a la representación de los trabajadores”. Hace hincapié en la obligación por parte de las Administraciones Públicas de seguir el principio de control humano y ser seguro y transparente. Para ello, “las Confederaciones firmantes de este Acuerdo instamos al Gobierno para que facilite a los interlocutores sociales, a través de los órganos de participación institucional, la información suficiente que garantice la transparencia digital y algorítmica, en especial de aquellas fórmulas que configuran los aplicativos vinculados a las relaciones laborales y a la protección social”.

«La IA ya interviene en todo el ciclo laboral: selecciona, vigila, evalúa y condiciona decisiones sobre formación, tiempos, incentivos y flexibilidad».

Cláusulas frente al poder algorítmico

De pretender examinar en la práctica el concreto contenido convencional a este respecto, la relativa novedad de la herramienta y la ausencia de pautas comprobadas para garantizar los principios de control humano, transparencia y explicabilidad contribuyen a entender el silencio de la mayoría de los convenios en este punto. No obstante, se percibe claramente un cambio copernicano en este punto, y desde el año 2022 cabe encontrar cada vez más cláusulas convencionales que, al menos, mencionan la Inteligencia Artificial; aun cuando algunos pactos lo hacen simplemente en el marco de las funciones a desarrollar en un determinado grupo profesional; se incorpora mediante declaraciones programáticas o a través de la reproducción (total o parcial) del contenido legal respecto al deber de información de los representantes de las personas trabajadoras.

Examinado el potencial de la nueva facultad de información y los posibles ejes sobre los cuales construir las cláusulas que se incorporen como contenido en los convenios colectivos, resulta posible proponer determinadas pautas a incorporar en cualquier nivel de la negociación para propiciar un mayor control de la Inteligencia Artificial en el mundo laboral y su aplicación segura y ética, en la línea que marca el Acuerdo Europeo y el V Acuerdo estatal.

«Resulta posible proponer determinadas pautas a incorporar en cualquier nivel de la negociación para propiciar un mayor control de la Inteligencia Artificial en el mundo laboral y su aplicación segura y ética»

Joker frente al cordón policial durante el primer paro general contra Milei. La política convertida en espectáculo: rabia, meme y violencia simbólica ante un Estado que protege el ajuste. Buenos Aires - Argentina. Foto: Santiago Sito.

Joker frente al cordón policial durante el primer paro general contra Milei. La política convertida en espectáculo: rabia, meme y violencia simbólica ante un Estado que protege el ajuste. Buenos Aires - Argentina. Foto: Santiago Sito.

Fotografía: Gage Skidmore

Fotografía: Gage Skidmore

Fotografía: Gage Skidmore

Fotografía: Gage Skidmore

Fotografía: Gage Skidmore

Fotografía: Gage Skidmore

Fotografía: Andrea Hanks

Fotografía: Andrea Hanks

Imagen de un manifestante vestido como el Joker, con traje rojo y chaleco amarillo, bailando frente a una fila de policías durante una protesta contra Milei. , image

Joker frente al cordón policial durante el primer paro general contra Milei. La política convertida en espectáculo: rabia, meme y violencia simbólica ante un Estado que protege el ajuste. Buenos Aires - Argentina. Foto: Santiago Sito.

Joker frente al cordón policial durante el primer paro general contra Milei. La política convertida en espectáculo: rabia, meme y violencia simbólica ante un Estado que protege el ajuste. Buenos Aires - Argentina. Foto: Santiago Sito.

La reacción como espectáculo

El tecnofascismo es la alianza entre poder tecnológico, culto al empresario, desprecio por la democracia social y fantasías de orden, velocidad y dominación. La imagen liberal de Silicon Valley ocultó durante décadas una corriente reaccionaria basada en el poder masculino, la riqueza extrema, la hostilidad hacia el feminismo y la fe en que la tecnología debía sustituir a la política. El tecnofascismo no solo produce políticas: produce una estética. La crueldad se vuelve performance; la destrucción de lo público, gesto de libertad; la humillación del adversario, contenido viral. La imagen del manifestante vestido de Joker frente a la policía, durante el primer paro contra Milei, funciona como síntoma visual de esa época: la política convertida en meme, danza, rabia y espectáculo, mientras el poder económico se presenta como rebeldía contra lo común.

Imagen de un manifestante vestido como el Joker, con traje rojo y chaleco amarillo, bailando frente a una fila de policías durante una protesta contra Milei. Sobre la imagen aparece el texto “Tecnofascismo” en letras grandes., image

GEORGE GILDER

El profeta reaccionario de Silicon Valley

George Gilder es arquitecto ideológico de Silicon Valley: la apropiación privada de la tecnología como arma golpista contra la democracia. Antifeminista, gurú del reaganismo y cimiento reaccionario de esta industria. Defiende al empresario como el ser más benévolo de la tierra, al invertir dinero sin garantía de beneficio. En 1974 fue nombrado “Male Chauvinist Pig of the Year” (cerdo machista del año). Él lo lució como medalla. Gilder defiende la superioridad biológica del hombre sobre las mujeres para la empresa. Convirtió el emprendimiento en una religión política de la era Reagan: contra el Estado social, contra el feminismo, contra los derechos colectivos y contra cualquier límite democrático al poder del capital.

Fotografía de George Gilder hablando en un acto público, con gesto expresivo y las manos levantadas. Aparece sentado junto a otra persona, sobre un fondo azul oscuro., image

Fotografía: Gage Skidmore

Fotografía: Gage Skidmore

ELON MUSK

Del apartheid a X, el arma global del odio

Musk no surge de la nada. Nace en la Sudáfrica blanca del apartheid, en una familia rica y en una vida neocolonial sostenida por sirvientes negros, jerarquía racial y explotación minera. Su abuelo materno se trasladó a Sudáfrica porque simpatizaba con el régimen del apartheid, venía de la tecnocracia antidemocrática y difundió propaganda antisemita. Su padre hizo dinero traficando con esmeraldas en Zambia. Apartheid, supremacismo blanco, vínculos nazis y neonazis, riqueza minera y odio a la democracia social. Musk compra Twitter/X y la convierte en arma política: altavoz de discursos de odio, teorías racistas como el “gran reemplazo”, propaganda de “genocidio blanco” y apoyo internacional a la extrema derecha.

Imagen de Elon Musk levantando una motosierra roja durante un acto público. A su lado aparece Javier Milei con los pulgares hacia arriba, mientras al fondo se proyecta una imagen ampliada del rostro de Musk., image

Fotografía: Gage Skidmore

Fotografía: Gage Skidmore

PETER THIEL

Del apartheid a PayPal, de PayPal a Palantir

Peter Thiel es el puente ideológico entre liberticidio tecnológico, antidemocracia, capital riesgo, Palantir, Trump, Vance y la extrema derecha intelectual de Silicon Valley. No es solo “uno de PayPal”: es uno de los grandes organizadores políticos del capital tecnológico.

Se educó en el sur de África bajo dominio blanco, en una ciudad donde todavía se veneraba abiertamente a Hitler. Según The Contrarian, en Stanford defendía el apartheid como “económicamente sólido”. También ha atacado el Estado social y el voto femenino por considerarlos obstáculos para el capitalismo. Thiel no está solo. Forma parte de la “mafia de PayPal” con raíces sudafricanas: Elon Musk, David Sacks y Roelof Botha, nieto del último ministro de Exteriores del régimen del apartheid. Una red de tecnomillonarios liberticidas que conecta Silicon Valley, supremacismo blanco, trumpismo y poder privado contra la democracia.

Retrato de Peter Thiel en un acto público. Aparece con chaqueta oscura y camisa blanca, mirando hacia un lado con gesto serio, sobre un fondo verde y negro., image

Fotografía: Gage Skidmore

Fotografía: Gage Skidmore

LOS TECNOLIGARCAS DEL TRUMPISMO

La oligarquía en la mesa

Trump reúne en la Casa Blanca a la élite tecnológica y empresarial que controla infraestructuras digitales, inteligencia artificial, datos, sistemas operativos, nubes, redes sociales y capacidad de presión política.

Zuckerberg, Cook, Gates, Altman, Pichai, Nadella, Brin, Catz, Sacks y otros grandes tecnócratas aparecen ya no como genios neutrales del progreso, sino como parte de una nueva oligarquía: capital privado sentado a la mesa del poder político. No es una alianza accidental. Es el cierre del círculo: tecnología concentrada, democracia subordinada, extrema derecha normalizada y capitalismo digital convertido en gobierno.

Fotografía oficial de una cena en la Casa Blanca con Donald Trump y varios líderes tecnológicos y empresariales sentados alrededor de una mesa larga en el State Dining Room. En la imagen se distinguen, entre otros asistentes visibles, Mark Zuckerberg, Tim Cook y Bill Gates., image

Fotografía: Andrea Hanks

Fotografía: Andrea Hanks

Información, consulta y control de los sistemas de IA

Así, en primer lugar, cabría imponer la obligación de comunicar, previamente a su puesta en marcha, de cualquier sistema de IA o decisión automatizada en el marco de las relaciones laborales de esa empresa o sector.

En segundo término, conviene especificar el concreto contenido del deber de información previsto, de tal modo que el convenio acote claramente esta obligación empresarial; y por cuanto hace al fondo, forma de llevarlo a cabo y tiempo del mismo, esto es, plazos para efectuar la comunicación, por ejemplo. Como garantía adicional, se podría contemplar de forma expresa el preceptivo procedimiento para que sean consultados previamente a la aplicación en la empresa de un sistema de IA y sean parte del proceso de toma de decisiones a la hora de determinar el uso de la IA en la empresa.

«El Reglamento europeo de IA califica como de alto riesgo los sistemas utilizados en las relaciones laborales y exige reforzar la información, la consulta y el control humano sobre su aplicación»

De igual modo, se ha de buscar un procedimiento de vigilancia y control de estos sistemas dentro de la organización productiva, bien estableciendo una persona encargada de su supervisión, bien y más adecuado, mediante la constitución de una Comisión paritaria donde se monitorice su aplicación, exista la necesaria trazabilidad y funcione también como mecanismo de control humano y vigilancia sobre el impacto del algoritmo utilizado, capaz de revisar las decisiones automatizadas del sistema tecnológico. 

En fin, el Reglamento europeo de Inteligencia Artificial incorpora obligaciones específicas de información a la representación de las personas trabajadoras y califica como de alto riesgo determinados sistemas de IA utilizados en el marco de las relaciones laborales. En este contexto, la negociación colectiva ha de propiciar el avance necesario en aras de una transición justa digital, incorporando cláusulas negociales destinadas a gobernar, revisar y controlar el uso de la IA en el contrato de trabajo.

FOTOGRAFÍA DE Henar Álvarez Cuesta. Catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de León

POR HENAR ÁLVAREZ CUESTA

Catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de León.

Alex Karp, CEO y cofundador de Palantir. Su empresa trabaja con el ICE espiando, torturando y deportando población migrante, y ha reforzado su alianza con Israel mientras el genocidio palestino convertía Gaza en laboratorio de guerra tecnológica.

Alex Karp, CEO y cofundador de Palantir. Su empresa trabaja con el ICE espiando, torturando y deportando población migrante, y ha reforzado su alianza con Israel mientras el genocidio palestino convertía Gaza en laboratorio de guerra tecnológica.